Las terapias hiperbáricas son procedimientos diseñados a partir de las presiones parciales del oxígeno, cuando respiramos oxígeno puro, en una cámara especial que crea condiciones de presión atmosférica mayor a la normal. Esta es en realidad una terapia cuya aplicación se determina con la presión máxima alcanzada en la inhalación del paciente, así como su frecuencia de exposiciones.  


El uso de la cámara hiperbárica tiene origen con las investigaciones de un fisiólogo y médico británico de apellido Henshaw en 1662, el cual suponía que el aumento de presión del aire aliviaría algunos padecimientos agudos, y las presiones bajas ayudarían al tratamiento de ciertas patologías.  Después, otros médicos en Europa diseñaron y popularizaron los llamados “baños de aire comprimido”, los cuales se atrajeron la atención de pacientes en Estados Unidos.  


En 1860 y 1861 fueron construidas diferentes cámaras hiperbáricas en Canadá y Nueva York, respectivamente. Estas fueron usadas para tratamientos del sistema nervioso.


Con el uso de sistemas cada vez más completos y complejos, los médicos Corning (1881), Cuninghan (1921), Drager (1917) tuvieron cierto reconocimiento en el uso de las cámaras hiperbáricas. Para 1937 se usó la terapia de oxígeno hiperbárico para situaciones de descompresión en buzos. Años más tarde, con el desarrollo de la aviación y el buceo marino, se aceleró la tecnología de las cámaras hiperbáricas, y la NASA impulsó en gran medida esto.  Desde 1967 se han conformado diferentes organizaciones dedicadas a la investigación del oxígeno hiperbárico.